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Jaime Abad, librero de viejo

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Librero de viejo de profesión conoce perfectamente las reglas del juego artístico, aunque se considera así mismo un aficionado. Con ustedes Jaime Abad:

                                                                                                          Vídeo: Nacho Castañón

El Renacimiento. Eso pone en el letrero de su modesta y mágica tiendecita situada en la calle Huertas 49 de Madrid, donde trabaja y otorga su tiempo a las manualidades artísticas como un verdadero hombre del renacimiento, nunca mejor dicho, desde hace 10 años. Una labor más que admirable, digna y valiosa en los tiempos que corren teniendo en cuenta el tsunami metafísico de corrupción política que amenaza al planeta.

Ha expuesto varias veces en Madrid, de donde ha salido limpio y victorioso, por no decir alabado y querido. Sus collages de Pin ups, sus dibujos y sobre todo sus carismáticos personajes y símbolos llaman la atención del espectador a la primera, y a la segunda, si se tiene la oportunidad de charlar con él, encantan.

J. Abad es un artesano de las ideas, un pensador del arte además de un artista que crea, y se podría añadir que es también un humanista que corresponde a su trabajo con lecturas y conocimiento de causa. Lo que más fascina de su trabajo es él mismo. Inclasificable desde un punto de vista político, a años luz de cualquier ortodoxia, es el ejemplo claro de libre pensador mal entendido por los duros de mollera.

¿Qué es arte? ¿A quién puede considerarse artista y a quién no, y por qué? Por supuesto que no a cualquier cosa ni a cualquier persona ¿Es Jaime Abad un artista? Sí, y podemos demostrarlo aparte de defenderlo con nuestras vidas si fuese necesario.

Es un artista porque es consciente de lo que hace, sabe de lo que habla y conoce las reglas del juego. No aparece de la nada y porque sí como un acontecimiento azaroso del arte, sino que se presenta desde la academia, aunque no haya pasado por ella. Se presenta desde el discurso proyectado del arte, y te lo explica. Sin duda una premisa básica para poder formular el debate bajo unos mínimos de objetividad. Mejor, peor, con una obra más vasta o menos, eso es ya otro tema; Lo importante, que es el discurso, se mantiene firme dentro de lo artístico.

J. Abad Chica del desierto 001Con un aire a lo mejor de Hermano Lobo sus obras no pasan de los 30€ para que puedan llegar a todo el mundo, y que como dice su autor “los chavales puedan, rascándose el bolsillo, porque la cosa está muy mal, hacerse con una.”

Humor, burla, crítica fresca y sátira juvenil son las características más destacadas de su trabajo. A lo que se suma el hecho de que hace lo que le viene en gana, un lujo del que ya pocos se atreven a disfrutar.

Todo el que pueda visitar la tienda y charlar con Jaime Abad que no lo dude. De primera mano aseguramos que será una grata visita mutua. Y para quien le sea imposible, esperamos que el reportaje audiovisual haga esa experiencia mínimamente cercana.

Obra de Jaime Abad

¿Desayunar? Con dibujos y cereales

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                Marooned On Watango Island

Este es el título del último trabajo animado de nuestro ilustrador favorito Luis Fuzzhound (tenemos varios ilustradores favoritos y ellos lo saben)

Autodicta, es todo un ejemplo de cómo forjar un estilo propio lejos de lo académico a través del trabajo, la dedicación y la experiencia.

De origen australiano, vivió varios años en Valencia, España, donde tocó en varios grupos relacionados con el rock and roll. Se dice de él que es capaz de pintar un cuadro a baquetazos, y que es íntimo amigo de Cocodrilo Dandí.

A sus 34 años comenta que son exactamente los que lleva dibujando, y viviendo del dibujo unos 10. Respeta el manga por considerarlo el padre del cómic, de la tinta, el pincel y el papel, pero no le llama la atención en exceso el manga moderno por el momento. Viendo sus dibujos no cabe duda que la influencia es esencialmente el cartoon clásico.

En la entrevista publicada en la versión impresa de La Maraca Ilustarada comentó: “A principio de los 90 descubrí a Ren y Stimpy, los veía todos los días antes de ir al colegio”. Nada más que añadir por lo tanto al tema de las infuencias.

No vamos a entretenernos más pues en su maravilloso mundo particular porque ya se trató en la revista, así que quien esté interesado en él, en sus cotilleos, ligues, gustos culinarios, etc, que se ponga en contacto con la pequeña orden de masones tarados que se hicieron con su ejemplar y que la pidan prestada. Sin más el último trabajo animado de Luis Fuzzhound

Ética, ecología y economía

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Una reflexión sobre ética y ecología desde un contexto básicamente económico se plantea desde hace décadas como una exigencia esencialmente moral. Sin embargo, las voces que han optado por un discurso ético basado en el respeto a la naturaleza por voluntad no han sido el motivo de esa reflexión. Por el contrario, parece que por fin, pero muy poco a poco, la necesidad de optar por un modelo que respete el medio ambiente viene promovida por la industria, la cual es ya más que consciente de la necesidad de un cambio de modelo que sustente su relación con la naturaleza, aunque paradójicamente sea para salvar su propio pellejo.

El uso de energías renovables se instaura de manera paulatina en la “psique social”. Si a escala micro-estructural aun forma parte sólo del universo de aquellos que son realmente respetuosos con el medio ambiente, a escala macro-estructural, es decir, en el mundo de la industria, se ha convertido en una cuestión de vida o muerte.

El cambio climático se presenta como el eje conductor del discurso que defiende el uso de las energías limpias como fórmula inmediata para frenar el desastre medio ambiental. Sin embargo no se menciona ningún problema de método o aplicación, pero no hay que olvidar la verdadera estrategia empresarial que esconde el discurso.

Que no sea este texto mal interpretado, pues se defiende el uso de formas moderadas y limpias de energía. Pero que sí sirva para criticar lo que parece y no es.

En resumen, que el cambio de modelo de producción por el de energías renovables ha venido finalmente a establecerse como una necesidad empresarial más que como una decisión voluntaria real de respeto al medio ambiente.

Hoy queda lejos la idea que desarrolló, si ya bien postulada en el renacimiento, la Ilustración de dominio del hombre sobre la naturaleza a través de la técnica, o por lo menos es sin duda objeto de conjetura.

Que haya continuado hasta nuestros días es sencillamente una obviedad. No por ser una fórmula ideal, si no porque ha sido así, es un hecho histórico. Sin embargo, resulta extraño el empeño desmesurado por un amplio sector de continuar con ella, pues es ya archiconocido que la relación de explotación que el hombre mantiene con la naturaleza no es sostenible.

Más cercano a nuestro tiempo, en la década de los 50, la termodinámica desarrolló la ley de la entropía, la cual venía a ser el argumento científico que representaba a un conjunto social partidario de la moderación.

La ley de la entropía, descubierta por Rudolf Clausios a mitad del siglo XX,ponía de manifiesto que los procesos de la naturaleza son, a no ser que se plantee desde un sistema ideal, esencialmente irreversibles. De manera que al aplicar una fuerza o energía para desatar otra se pierde un porcentaje útil que jamás podrá ser recuperado.

Esta compleja teoría física se puede ejemplificar con la escasez del petróleo. Aunque no es un buen ejemplo, sintetiza la idea de que los recursos naturales son finitos, y que el uso de éstos no son gratuitos.

Por lo tanto, no hay que olvidar la verdadera labor científica que han desarrollado las teorías de la física, la filosofía, la biología o la antropología de la naturaleza, ni de las personas que de verdad han sido partícipes de ellas.

Sin embargo, el mensaje que a día de hoy y desde hace unos años llega a los ciudadanos a través de fuertes campañas dirigidas por grandes multinacionales se aleja de una decisión forjada de manera estricta en la voluntad, pues más bien es producto de un cambio necesario en las formas de explotación debido directamente a las consecuencias que muchos teóricos y pensadores defendían: la materia de explotación no es infinita.

Dentro de la problemática que atañe al debate entre ética y ecología existe infinidad de planteamientos que aquí ni se nombran, como determinar qué es naturaleza, qué se entiende por ella y cuántas nociones es posible concretar, cuáles son las distintas corrientes que se enfrentan en su defensa y cuáles sus planteamientos, si es posible una ética de conducta, la diferencia entre natural/artificial, en definitiva todo el contenido epistemológico que conlleva; este texto sólo pretende subrayar que el cambio de modelo no ha sido producido sino por una exigencia puramente de sistema de mercado, lo que es un alivio, pero en ningún modo es una lección de ética medioambiental.

 Cristian Aguado Crespo

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